El Morro y Puerto El Morro

Mediación, arte, ambiente y transformación social en el bosque seco ecuatorial. Puerto El Morro, Golfo de Guayaquil

La metodología adoptada para esta etapa de la residencia Franja Arte Comunidad 2013 ha sido la de proponer un trabajo transversal entre los participantes para que las iniciativas funcionaran como parte de una totalidad de acciones orientadas hacia un fin común y no como proyectos autónomos. Se buscó articular críticamente el lugar y el sentido de la práctica artística en contextos comunitarios para generar procesos y experiencias de valor y significación para los involucrados, interconectando y articulando las fuerzas colectivas para catalizar nuevas prácticas en el territorio propiciando estrategias creativas. Asimismo se gestionaron en forma conjunta con la comunidad local estrategias de construcción de espacios sustentables, revalorizando y fortaleciendo desde un dialogo de saberes horizontal, el rescate de los procesos productivos y del saber ambiental, inserto en la formaciones ideológicas, las prácticas culturales y las técnicas tradicionales de la propia comunidad.

El proyecto constó de una etapa preparatoria de investigación y evaluación desarrollada durante los meses de marzo y julio de 2013.
Durante marzo se trabajó en el establecimiento de los principios básicos de la residencia los que fueron orientados hacia propuestas que priorizaran sobre el diálogo de saberes dentro de una perspectiva de cambio social y que tuvieran como objetivo operar a nivel de asentamiento de procesos y de construcción de capacidades con horizontes más allá de la residencia. Se establecieron los temas y los ejes de trabajo y se desarrolló una investigación dirigida a producir material informativo para los participantes.

Intervinieron de esta etapa Mariuxi Ávila (Artista), Gabriela Bernal (Artista), Cristina Salas (Artista), Pedro Morales (Presidente de la Comuna Ancestral comunidad de Puerto El Morro), Lorgia Vega (vocal de la Junta Parroquial de El Morro) Integrantes de la Asociación Agrícola Tierra Fértil, y demás representantes de la comunidad, Juan Pablo Ordóñez (Artista), Fabiano Kueva (Artista), Marcelo Miranda (Biólogo), Ángel Emilio Hidalgo (Historiador) y Galo Plaza (Sociólogo), Javier Lazo (Documentalista) Alejandro Meitin (Artista, Abogado), y la Sra. Irene Arcos Coordinadora del Programa de Desarrollo Social y Comunitario, Diego Plua y demás integrantes APROFE.

El proyecto de recuperación de una albarrada para dotar de agua a los cultivos de las organizaciones agrícolas de Puerto El Morro, fue considerado como una necesidad urgente. La recuperación de la albarrada conocida con el nombre de Ciénega Grande que fuera destruida a mediados de los 80 ́as para construir una camaronera en medio de un proceso político traumático que ha marcado a esta comunidad hasta hoy, fue determinada como eje integrador del proceso de la residencia ya que permitiría involucrar distintos valores culturales y conjugar aspectos tales como producción, política, derechos colectivos, actualidad, ambiente, creatividad, territorialidad, bienes comunes, ancestralidad y memoria histórica.

A partir de esta identificación establecimos contacto con la lic.Silvia Álvarez de la ESPOL por su conocimiento socioambiental, especialmente el relacionado con tecnologías de origen precolombino el manejo del agua en América del Sur.

Las Albarradas son estructuras hidráulicas tradicionales para el manejo de gestión del agua de gran valor para el desarrollo de la agricultura y la ganadería e indispensables para la ocupación humana áreas del bosque seco tropical costero. Una respuesta tecnológica y de modelado del paisaje cultural y productivo que a lo largo de 3800 años ha permitido manejar el exceso de agua propio de la época de lluvias y garantizar su accesibilidad en tiempo de secas. Todavía se siguen utilizando por su adecuación a la variabilidad climática regional y también como expresión de un patrimonio histórico, tecnológico, cognitivo y ecológico imprescindible para el sostenimiento global

de la región. En el mes de julio, una vez recibidas las postulaciones, avanzamos a una segunda etapa donde se analizaron las mismas en el seno de la comunidad. En asamblea fueron seleccionados los participantes y se desarrollaron pareceres, elaboraron sugerencias y propusieron modificaciones a los proyectos elegidos con el fin de poder obtener un mejor resultado en el contexto y el sociólogo Galo Plaza Venegas elaboró un mapa de actores para ayudar a una mejor comprensión de la dinámica social y política del territorio que posteriormente fue traducido y compartido entre los participantes seleccionados.

Participaron Pedro Morales (Presidente de la Comuna Ancestral de Puerto El Morro), Lorgia Vega (vocal de la Junta Parroquial de El Morro), Integrantes de la Asociación Agrícola Tierra Fértil, Juan Pablo Ordóñez (Artista), Fabiano Kueva (Artista), Marcelo Miranda (Biólogo), Galo Plaza (Sociólogo), Alejandro Meitin (Artista, Abogado), la Sra. Irene Arcos Coordinadora del Programa de Desarrollo Social y Comunitario, Diego Plua y demás integrantes APROFE y diversos representantes de la comunidad local.

Las propuestas seleccionadas entre artistas y colectivos de arte y representantes de diversas áreas del conocimiento provenientes de Ecuador, España y Argentina que se integrarían al proceso en el marco de la residencia fueron:
Convocatoria para Liberar Secretos, Centro Rural de Arte, Argentina, El Jardín deseado, Cristina Salas Gerritsen, Quito, Ecuador, Fugo y barro y capacidades instaladas para la gente Diana Campos, Argentina, Laboratorio Puerto El Morro ONDAS PORTEÑAS 94.7 Oído Salvaje, Quito, Ecuador, Taller del Payaso Río y Trabajo con Mujeres ThAMÉ Teatro de Artesanos, Guayaquil, Ecuador, Escuelas Nodo, Transductores, España, Morro City Tranvía Cero, Quito, Ecuador, Territorios, organización comunitaria y diálogo de saberes Juan Pablo Ordóñez, Cuenca, Ecuador Recuperación de Saberes Locales en el Uso de Plantas por parte de la Comunidad Marcelo Miranda, Argentina, Parcelas Subversivas Gabriela Bernal, Cuenca, Ecuador Durante la residencia.

Una parte del equipo llegó con algunos días de antelación para preparar actividades y la restante arribo el día 15. Los objetivos planteados previamente tuvieron una buena recepción pero no fueron menores las dificultades durante los 2 primeros días de la llegada del grupo a la localidad. Comprensiblemente en mayor medida para aquellos que no habían tenido contacto previo con la zona y su gente. El hecho de que fuera fin de semana y que en ese momento se estuviera desarrollando un campeonato de fútbol regional en una localidad vecina hizo que la mayoría de los jóvenes y sus familias no estuvieran en el pueblo. La apariencia de Puerto El Morro como un pueblo apagado aumentó la incertidumbre. Nadie se acercaba a nosotros salvo aquellos con quienes habíamos desarrollado la estrategia general.

Estos inicios suelen ser bastante angustiantes ya que se producen debates internos y se enfrenta uno a las limitaciones que propone lo desconocido y a la ansiedad por comenzar a hacer. Esta fue sin duda una parte importantísima del proceso. Máxime en casos como este donde las premisas estaban enfocadas en desarrollar una actividad desde lo local y desarrollar un proceso combinado desde el diálogo de saberes para poder crear una plataforma activa, transversal e integrada a que cumpliera un rol pedagógico colectivo hacia su interior y hacia aquellos que no están insertos en este proceso. Todo eso en 9 días, de los cuales como mencioné los 2 primeros fueron intranquilizadoramente calmos.

Contrariamente a esa primera imagen Puerto El Morro tiene la particularidad de ser una comunidad abierta y muy activa, donde la llegada de artistas no es una novedad ya que tienen incorporados estos procedimientos desde lo acontecido durante la residencia previa del año 2009 cuando la mediación estaba a cargo de María Fernanda Cartagena. Además el rol de APROFE y de sus brigadas que por su actividad permanente y profunda en la localidad es una llave maestra que permite abrir muchas puertas.

En pocos días la apariencia apática del pueblo fue mostrando su verdadero semblante y el Hostal Cinthya donde se hospedaba el contingente se transformó rápidamente en un bullente laboratorio donde en todo momento se realizaban reuniones y talleres, se desplegaban mapas, se organizaban tareas en pizarras, se recibía a la prensa y las laptop competían por un espacio las mesas, mientras la emisora radial Ondas Porteñas 89,5FM no dejaba de recibir invitados y compartir información elaborada por los reporteros comunitarios.

El proyecto de la radio comunitaria Ondas Porteñas, un proceso iniciado durante la residencia 2009 con resultados muy significativos y cuyo fin esta orientado la a ocupación del territorio desde las perspectivas del derecho a la frecuencia, fue coordinado por Fabiano Cueva y Mayra Estévez del colectivo de radio arte y arte sonoro Oído Salvaje quienes junto a Mayah Cueva Franco, la locución de Martha Lucía Ramírez y el apoyo de el operador local Henry Flores y de Carlitos DJ despertaron nuevamente el interés genuino de la comunidad para la obtención de la frecuencia y activación de una emisora comunitaria permanente que sirva a las comunidades de El Morro, Puerto El Morro, Engabao y Puerto Engabao, una alianza estratégica bajo la figura de MINGA RADIAL.

El artista cuencano Juan Pablo Ordóñez coordinó la programación de actividades para abonar el debate en torno a territorios y organización comunitaria – cooperativa, centrándose en el objetivo de impregnar con un valor simbólico la recuperación de la albarrada de la Ciénega Grande, para lo cual gestionó la participación de invitados especiales, entre ellos Delfa Iñamagua, reconocida sanadora y oficiante de ceremonias andinas, quién trabaja actualmente en el área de salud intercultural del Ministerio de Salud; y con parteras de las provincias de Azuay y Cañar, para recuperar los conocimientos ancestrales y profesionalizar sus prácticas, armonizando sabiduría ancestral con conocimiento científico. Pepe Washima analista en gestión política curtido en temas de organización comunitaria, especialmente campesina e indígena desde los años 70 y que ha gestado la creación de cooperativas de ahorro y crédito, de consumo y de carácter productivo y de José Yépez, cineasta y activista audiovisual que desarrolla su actividad en torno a la visibilización de conflictos de pérdida de territorios comunales y sus consecuencias sociales y económicas que participó con el pre-estreno de su última película documental, “La Deuda”; centrado en las comunidades de La Manga del Cura (zona no delimitada entre Guayas, Los Ríos y Manabí) y Río Verde, en la Península de Santa Elena.

En el marco del proceso colectivo, Marcelo Miranda, biólogo y representante del Instituto de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA) colaboró en el rescate de los saberes sobre los beneficios curativos y alimenticios de las plantas como forma de contribuir con la identidad local mediante el estudio de su flora y agricultura para lo cual conformó junto a los integrantes de la Asociación Tierra Fértil un grupo de trabajo de revalorización del monte nativo y formó parte del equipo de rehabilitación de las albarradas en las diversas fases de la intervención colaborando a su vez con Delfa Imañagua y Juan Pablo Ordóñez. A partir de sus conocimientos para el análisis de imágenes satelitales y cartas topográficas desarrolló un pormenorizado trabajo de generación de un mapa base y SIG para situar el posicionamiento cartográfico del sitio, localizar la ubicación de los productores beneficiados, medir de distancias, pendientes, batimetria del área de inundación, superficie y volumen de agua a almacenar y análisis de riesgos. Además realizó entrevistas y colaboró con el fortalecimiento de aspectos organizacionales de la asociación de agricultores realizando un relevamiento de la producción pecuaria y agrícola Puerto El Morro con identificación de los ciclos y de las prácticas asociadas con estos. En línea con los principios básicos de la residencia desarrolló propuestas para el asentamiento de procesos y construcción de capacidades con horizontes más allá de la residencia que pueden analizarse en su informe “Dialogo de saberes para la sustentabilidad”.

Javier Rodrigo de Transductores coordinó la creación un espacio de laboratorio pedagógico orientado a repensar y generar una experiencia educativa en relación a las prácticas sociales con grupos escolares con docentes y estudiantes de la Escuela de Educación Básica “Jorge Yepes” de Puerto El Morro. Con ellos desarrolló actividades áulicas, excursiones experimentales y cartografías colectivas en el área de la albarrada. También colaboró con otras iniciativas para la rehabilitación y activación real de la albarrada, “no ya sólo como un gesto político-poético, sino sobretodo como una intervención y plan estratégico de economías colectivas”. Hacia el interior del grupo el aporte de Javier Rodrigo fue muy relevante generando dinámicas de organización de las iniciativas y los procesos llevados adelante y su proyección a corto mediano y largo plazo.

Se integraron y compartieron sus propuestas Fabiano Kueva de Oído Salvaje, Diana Campos y María José Trucco y Luciano Bianchi del Centro Rural de Arte. La intensa actividad desarrollada por Javier y por los escolares tuvo su presentación final en una exhibición montada en el escenario del anfiteatro de Puerto el Morro a la que acudió todo el pueblo.

La artista Diana Campos realizó expediciones con la comunidad para reconocer la aptitud para su uso de las tierras de la albarrada de la Ciénega Grande, de la de El Morro y de las del Cerro del Muerto para con ellas realizar posteriormente pruebas de arcillas. También se reconocieron óxidos y otras arcillas que posibilitan la pintura o el engobe sobre las piezas cerámicas. En sitios cercanos a estas locaciones han sido encontradas piezas arqueológicas que dan cuenta de la inmensa riqueza herencia cultural de los pueblos costeños Con estos materiales desarrolló talleres en las localidades de El Morro y Puerto El Morro con la idea del rescate del proceso artesanal con la utilización de simbología ancestral, la reformulación estética y la producción colectiva para el desarrollo de estrategias económicas y de reafirmación cultural y territorial.

Por su parte Julio Huayamave y Mariuxi Ávila del colectivo de artes escénicas e integrales ThAMÉ Teatro de Artesanos de Guayaquil desarrollaron actividades diversas creando espacios lúdicos de interactividad, de memoria, de intercambios, de juegos tradicionales y de lenguaje corporal, evocando la ancestralidad a partir de la expresión corporal, teatro, liberación de la voz, creación de historias y colaborando con otras experiencias como las desarrolladas junto al Centro Rural de Arte y con la propuesta de la emisora radial Ondas Porteñas 89,5FM de Oído Salvaje .

El trabajo de Cristina Salas también estuvo en enfocado conectar con la recuperación de la albarrada participando en la creación del Huerto Comunitario y siembra de árboles en el SIBV Angelitos Felices lo que permitió crear nuevos vínculos sociales entre los miembros de la comunidad: los profesores, niños de la guardería, padres, integrantes de la asociación Tierra Fértil y participantes de la residencia se vincularon con su propuesta.

La artista cuencana Gabriela Bernal se integro a varias propuestas, fundamentalmente con Diana Campos con quien iniciaron el trabajo con barros locales y luego conformó un colectivo muy interesante que con participación muy activa de personas del pueblo como Milton Jordán un artista nato de esta localidad, Henry Minchala y la participación de Abel Bohorquez encargado del equipo de comunicación del proyecto quien se destacó también por sus dotes de dibujante y tipógrafo, Todos realizaron a partir de inspiraciones propias una serie de letreros y señalética para indicar el acceso a la albarrada de la Ciénega Grande.

El colectivo Tranvía Cero de Quito que llego días después de iniciada la residencia, no contó con el tiempo necesario para desarrollar su propuesta pero pudo compartir su rica experiencia de trabajo en comunidad con los demás participantes quedando abierta la posibilidad para el desarrollo de una iniciativa a futuro.

Conclusión: Durante los 10 días de la residencia, todos los involucrados hemos podido alcanzar en buena medida algunos de los objetivos prefijados durante el profundo trabajo de organización previa. Cada una de las iniciativas logró operar a nivel de asentamiento de procesos y de construcción de capacidades a partir de una forma de trabajo que integró en su constitución y desarrollo la manera artística de pensamiento y acción, desde un sentido de integración comunitaria y diálogo de saberes, funcionando cómo parte de una totalidad de acciones para un fin común y no como proyectos autónomos.

Por todo esto me siento en condiciones de afirmar que esta etapa ha reforzado los antecedentes y brindado continuidad a la línea metodológica de la Franja Arte Comunidad para ayudar desde una practica inmersiva de vida a la construcción de capacidades en consonancia con los valores de lo que una comunidad quiere ser, revalorizando y fortaleciendo desde la horizontalidad las acciones puntuales de resistencia al proceso de fragmentación territorial.